El doble terremoto que sacudió el estado La Guaira, en la costa venezolana, dejó tras de sí una historia de supervivencia que ha conmovido al país. Eliana García, una joven de 19 años embarazada de 38 semanas, se encontraba refugiada en un campo de béisbol junto a su familia cuando sintió las primeras señales del parto.
Los médicos habían programado una cesárea para una semana después, debido a que la pelvis de la madre era estrecha. Sin embargo, el violento sismo de magnitud 7.2 y 7.5 que golpeó la región la tarde del 24 de junio cambió todos los planes.
"Sentía como ganas de hacer pipí. Pero pujaba y pujaba y como no salía nada entendí que el bebé venía", narra García desde el refugio donde ahora se encuentra.
Su cuñada, Julia Di Giuseppe, de 37 años, relató cómo corrió descalza en medio de la oscuridad buscando ayuda para asistir el parto. "Ahí le rogué a una paramédica que estaba buscando a sus familiares entre las ruinas, y ella, pues, se puso a ayudar", cuenta.
Sin agua, sin guantes, apenas con alcohol en gel y únicamente iluminados por las linternas de los teléfonos móviles, lograron asistir el nacimiento. "No teníamos cómo cortar el cordón, y la gente comenzó a quitose las colitas del cabello y lo amarramos en dos extremos, con mucho alcohol" para cortarlo con unas tijeritas de uñas, recuerda Di Giuseppe.
El bebé, que resultó ser varón cuando la familia esperaba una niña, no lloró al nacer. Una salva de aplausos logró激励机制 lo que la naturaleza no había hecho.
Sin embargo, la alegría del nacimiento se mezcló con un profundo dolor. "Lo salvamos a él, pero perdimos a nuestras dos sobrinas", dice Di Giuseppe entre lágrimas mientras observa a la madre amamantar. Las niñas, de 14 y 11 años, fueron encontradas sin vida entre los escombros del edificio donde vivían. Su padre las reconoció apenas por la pulsera plateada que la mayor llevaba en la muñeca.
La madre de las víctimas, hermana de García, y un sobrino permanecen desaparecidos.
Originally, García había planeado nombrar a su bebé Daniel Eduardo si era niño o Gael si era niña. "Pero mi hermana siempre me decía que le pusiera Gael. Así que por ella decidí llamarlo Gael Jesús. Es mi forma de tenerla aquí", explica la joven madre.
La familia ahora se encuentra reubicada en un colegio público que sirve como refugio en La Guaira, la región costera más afectada por los sismos que según cifras oficiales han dejado más de 3,600 muertos.