Cuando Moody's Ratings recortó la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3 el pasado 20 de mayo, los titulares se llenaron de las palabras de siempre: déficit, Pemex, gasto rígido, bajo crecimiento. Todos los conceptos correctos, pero inguno suficiente. Porque hay algo que la cobertura financiera rara vez se detiene a examinar, algo que el análisis de gobierno corporativo y la gestión de riesgos obligan a ver con mayor nitidez. Lo que Moody's está calificando no es solo la salud de las finanzas públicas. Está calificando la calidad de las instituciones que las gobiernan.