La decisión que tomó el gobierno de Claudia Sheinbaum de dejar fuera de la ecuación del fracking la cuenca Tampico-Misantla por razones ambientales abrió interrogantes entre especialistas del sector sobre la rentabilidad que tendrán Burgos y Sabinas, áreas aprobadas por el comité técnico. La cuenca, ubicada entre Veracruz y Tamaulipas, había sido señalada por especialistas como una de las zonas con mayor potencial para el desarrollo de hidrocarburos no convencionales y como una de las alternativas económicamente más atractivas del país. El comité dijo que la fracturación hidráulica en esta región "es social y ambientalmente inviable". Explicaron que existen una alta densidad poblacional, además de considerar la presencia de pueblos originarios particularmente en la región de la Huasteca. Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC, sostiene que la cuenca tenía una ventaja frente a otras zonas del país: además de su potencial de gas, contaba con recursos líquidos que podían mejorar la rentabilidad de los proyectos. La exclusión de esta cuenca deja ahora bajo evaluación principalmente áreas del norte del país, entre ellas Burgos y Sabina-Burros-Picachos, donde el comité de especialistas recomendó continuar con estudios antes de determinar si es viable avanzar hacia una explotación. En el sector energético ya dicen que el fracking no despegará durante el sexenio de Sheinbaum. Para Alma Porres, integrante del comité, esta decisión no significa que el fracking haya dejado de ser una opción para México, aunque primero habrá que determinar si las áreas que quedan tienen condiciones para convertirse en proyectos comercialmente viables. "Ver la viabilidad comercial de las áreas es la nueva fase", dijo. El proceso, según la especialista, no contempla una explotación masiva inmediata. Como se mencionó, el primer filtro será determinar la existencia de agua salada; después, qué tan productivos pueden ser los pozos y si las condiciones del subsuelo permiten desarrollar los proyectos. Después vendría una etapa de evaluación mediante algunos pozos. "El objetivo no sería comenzar a producir a gran escala, sino reducir el riesgo de las áreas y comprobar si la productividad observada permite pensar en un desarrollo comercial", dijo la especialista. Estimó que en otros países las etapas iniciales de evaluación de este tipo pueden tomar entre uno y tres años. Para México consideró que podría tardarse un tiempo similar para determinar si México tendrá una industria de shale gas. Ramsés Pech, especialista del sector energético, coincide en que si bien Tampico-Misantla era el más atractivo principalmente por su valor en líquidos (aceite). "Cuando hay gas y líquidos los yacimientos se hacen más rentables", dijo. Mientras tanto, en el norte del país existen formaciones con gas seco, pero también otras con gas húmedo, acompañado de líquidos. En su opinión, todavía podría evaluarse rentabilidad económica, principalmente en Burgos. Por eso, la evaluación de las áreas no tendrá que limitarse a calcular cuánto gas hay debajo de la superficie. También deberá determinar qué tipo de hidrocarburo puede recuperarse, en qué cantidades y a qué costo. Porres insiste en que todavía es prematuro descartar el fracking: quedan áreas por evaluar y sólo después de conocer su productividad y sus características económicas podrá determinarse si tienen futuro comercial. La existencia de líquidos puede mejorar el valor económico de un proyecto y compensar parte de los costos asociados con la perforación y la infraestructura. Sheinbaum mantiene en evaluación el fracking: primero analizará disponibilidad de agua salada. La discusión ocurre en un momento en que México busca aumentar su producción de gas natural y reducir su dependencia de las importaciones, principalmente de Estados Unidos. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha presentado el desarrollo de recursos no convencionales como una vía para fortalecer la soberanía energética. Sin embargo, el propio proceso diseñado por el comité muestra que la decisión todavía no consiste en autorizar una explotación masiva.

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